La Princesa me ha regalado este fin de semana por el día de la madre, la flor más bonita del mundo. Una flor hecha con sus manitas (y con ayuda de papá) que desde hoy adorna mi salón. Una flor que ocupa poco pero que está llena de muchas cosas. Una flor que me conecta con todo aquello que tiene que ver con la maternidad, me hace sentir llena y feliz y además me saca una sonrisa cada vez que la miro...
Y me conecta a su vez con mi MAMÁ.
Esa que no ocupa tanto como lo que llena, esa que también recibía flores y tarjetitas construidas por nosotras como si fueran un tesoro. Regalos que aparecen a los años y te sacan un tierno escalofrío.
Esa mamá que sin intención, hace hoy en día mas que nunca, que me identifique con ella y pueda valorar todo lo que significa en mi vida, todo lo que ella ha tenido (y aun tiene) que pelearse para que yo sea hoy quien soy.
Esa que en los últimos meses, cuando tantas veces me vuelvo a sentir pequeñita, sigue acunándome con sus palabras, y me da fuerzas y soporte para mirar hacia delante con una sonrisa. Aunque se tenga que tragar para ello sus lágrimas...
Esa persona tan, tan grande...y que tanto, tanto necesito...
¡¡¡ GRACIAS MAMÁ !!!
