6 de febrero de 2012

Y llegó la Nieve...



"!! Mamá, mamá !! !Vamos a poner el árbol que hay un poquito de Navidad!"...

Diciendo esto me zarandeaba la Princesa a las 8.55 de la mañana de hoy cuando se ha puesto de rodillas en la cama y ha visto por la ventana que nuestro paisaje cotidiano se había vuelto blanco... No he podido más que sonreír y darme media vuelta en la cama... Buf... Mis ojos eran incapaces de abrirse un milímetro y me parecía no haber descansado nada... Menos mal que aunque la Princesa se despierte pronto, ha salido a sus padres, y es capaz de remolonear en la cama durante un tiempo insospechado... Y así, aunque ella no se ha vuelto a dormir, yo me he dormido respondiendo entre sueños a sus intervenciones matutinas... Hasta las 11. 
Y ha sido un día bonito, por fin ha llegado la tan esperada nieve... Noa llevaba preguntando por ella varios días, y yo ya le había preparado sus botas nuevas, y su ropa abrigada desde entonces.
A las 11.05h, ya estaba equipada. No, con la ropa de la nieve no. Con su vestido de Bella Durmiente, la corona y los tacones... En fin... Hemos jugado a cantantes de Rock durante un rato, (si, vestida de princesa, algo extraño), otro a bailar con música imaginaria, otro a puzzles... Y nos hemos ido a casa de los yayos, para poder disfrutar del jardín nevado que nadie había pisado aun.
El año pasado casi no conseguimos que la Princesa pisara la nieve, pasaba por su época escrupulosa y eso de mancharse y que lo que pisaba se hundiera, no le daba demasiada seguridad... Hoy yo no esperaba que duraría en la calle más de 5 minutos, pero aun así, le he abrigado muy bien y en vez de abrigo se he puesto su disfraz de Ely, que es todo de pelo, así que eso le daba al día su punto (y de paso aprovechábamos para ventilar el disfraz de princesa).
Bueno, pues después de los primeros 10 segundos de inseguridad, a Noa le ha encantado experimentar como sus botas dejaban huellas, que sorprendentemente, eren más pequeñitas que las de mamá. Se ha armado de valor y me ha estado lanzando "bolas" mientras se reía escandalosamente... Y hemos conseguido hacer un muñeco de nieve. Oye, no ha quedado mal. Con sus ojos de mandarina, nariz de pimiento verde y boca de puerro, y con su bufanda y gorro, patrocinados por el yayo... A la Princesa le ha encantado. Dando rienda suelta a su imaginación, iba colocando sobre la cara y cabeza del muñeco bolitas de nieve de forma indefinida, y se  ha empeñado en ponerle una coleta. Enseguida lo ha humanizado y ha estado un rato jugando con él. Cogía con sus pequeñas manoplas trocitos de nieve, los acunaba y los metía en un agujero que se formaba en un pliegue del gorro del muñeco, diciendo que eran los bebés del muñeco. Así hasta cuatro bebés. A quienes ha hablado, acunado, y me ha hecho besar. Es todo ternura esta niña... Ya veremos qué pasa cuando se entere mañana que su mama-nieve ha quedado reducida a un charco de agua y unas verduras...




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